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Wilkie Collins
La excelencia de este relato se apoya en el más elemental y antiguo de los fundamentos del género: en una buena historia; en una historia apasionante, a decir verdad. Pero su mayor novedad formal, la que constituye su alma y su estructura misma, es la multiplicidad de las voces o de los puntos de vista narrativos. La historia es contada por una secuencia de varios testigos, que son también protagonistas, en primera persona. Ningún relator sabe más de cuanto su protagonismo le permite saber, con lo cual estamos lejos del narrador sabelotodo de un Dostoiewski o de un Balzac (por mencionar dos grandes contemporáneos de Collins).
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